Track Day Ritual
El despertador suena a las seis y media y el primer pensamiento no es "qué pereza", sino "hoy toca Cheste". Me da igual si es enero y hace un frío que pela o si es julio y el asfalto derrite las botas. El día de circuito tiene su ritual y no se negocia. Café solo, dos tostadas, la furgoneta ya cargada desde la noche anterior porque a esas horas no me fío de mí mismo para atar bien la moto.Llego al circuito sobre las ocho, cuando el asfalto todavía está frío y hay rocío en los pianos. Los primeros veinte minutos de la tanda de calentamiento son casi meditativos - líneas suaves, nada de frenazos, sintiendo cómo los neumáticos van cogiendo temperatura. Y entonces llega ese momento mágico en la tercera o cuarta vuelta donde todo encaja. La moto deja de ser una máquina y se convierte en una ex...