Track Day Ritual

2 μήν. πριν

El despertador suena a las seis y media y el primer pensamiento no es "qué pereza", sino "hoy toca Cheste". Me da igual si es enero y hace un frío que pela o si es julio y el asfalto derrite las botas. El día de circuito tiene su ritual y no se negocia. Café solo, dos tostadas, la furgoneta ya cargada desde la noche anterior porque a esas horas no me fío de mí mismo para atar bien la moto.

Llego al circuito sobre las ocho, cuando el asfalto todavía está frío y hay rocío en los pianos. Los primeros veinte minutos de la tanda de calentamiento son casi meditativos - líneas suaves, nada de frenazos, sintiendo cómo los neumáticos van cogiendo temperatura. Y entonces llega ese momento mágico en la tercera o cuarta vuelta donde todo encaja. La moto deja de ser una máquina y se convierte en una extensión de tu cuerpo. La curva 8 de Cheste, esa izquierda ciega que va cuesta abajo, la coges con una confianza que no tienes en ningún otro aspecto de tu vida.

Lo que la gente no entiende es que el circuito no va de velocidad. Va de precisión. De clavar el punto de frenada exacto vuelta tras vuelta. De sentir con el culo - literalmente - cuándo el neumático trasero empieza a perder grip. Mis amigos me preguntan si no me da miedo y les digo que en el circuito tengo menos miedo que en la M-30 un viernes a las siete de la tarde. Allí al menos todos vamos en la misma dirección y sabemos lo que hacemos. Bueno, la mayoría.

📅 09 May 2026 👁 15 💬 0 👍 0

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