Miercoles y por fin una tarde que se puede salir sin derretirse. Hemos ido cuatro hasta Sagunto y vuelta por la costa, con el sol bajando por detras del castillo. Y atencion, que Vicente se ha presentado en el punto de encuentro con un embudo y una garrafita de cinco litros en la mochila, muy serio el, diciendo que era para mi tranquilidad. Los otros dos llorando de risa en el arcen. Al final ni la he necesitado, he llegado a casa con la reserva puesta pero sin bajarme. La garrafa se queda en su garaje esperando su momento.

2 mies. temu

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